Qué espero?
Qué esperas?
Miro atrás y
pienso que ya hay mucha lluvia caída, muchas veces ha salido el sol. Después pienso;
qué más da…? Y seguirá lloviendo, y seguirá saliendo el sol. Y tú y yo
seguiremos aquí.
Me he
alejado de la convencionalidad; de la tv, de los periódicos, del face, de la
cola del super, de los bancos… He centrado mi atención por un tiempo, solo y
exclusivamente en observar la naturaleza; el comportamiento del ser humano, de
la hierba, del sol, del cielo…los animales. He respirado sus aromas puros, he
sentido en mi cuerpo su fuerza, su poder, su ira, su sabor. He sido feliz. Me
he sentido libre, limpia; la piel de mi rostro ha modelado sus escritos, la
sonrisa que llevo dentro ha salido sin más.
Tras un
tiempo mi nariz despunta tímida por la ventana de la otra realidad, de esa
realidad de bullicio, prisas, consumismo, egoísmo, insatisfacción, corrupción…humanidad en estado impuro.
Y veo que
nada ha cambiado desde que marché. Veo gente asfixiada en CO2. Veo gente enfadada
con el mundo. Veo injusticia. Veo miseria; miseria humana. Veo hombres sin
calidad humana al frente de otros hombres afónicos de protestar, agotados de
luchar, rotos ante la impotencia. Veo gente de plástico…vacía. Veo enfermedades
que, aún siendo espejismos, matan a diario; enfermedades creadas por la
inhumanidad de esos hombres, por la cobardía de otros y por el aire rancio que
todos ellos respiran. Que todos respiramos.
Y me
pregunto, hasta donde merece la pena, hasta donde lo entiendo, hasta donde
estoy dispuesta a mantener mi nariz asomada a esta ventana…
Obviamente
he aprendido cosas en mi paso por estos dos escenarios. En el primero aprendí
muchas cosas, todas aquellas que me mostraron, aquellas que quisieron enseñarme
y alguna más. En el escenario que he elegido he aprendido, sobre todo, a
observar, a cuestionar y a respetar; A valorar solo lo realmente importante y a
cuidar de ello. He aprendido que formo parte del mundo en el que habito, es mi
hogar…y me gusta.
No tolero la
mentira. No tolero la injusticia. No creo que ningún hombre tenga derechos
sobre otro, ni que ninguno sea el amo del mundo; todos somos simples mortales.
En mi opinión esto se ha ido de Madre, es un
chicoleo de gatos, una pantomima, una feria, un despropósito; se nos ha ido de
las manos, hemos perdido el norte totalmente.
Sería
menester pararnos un poco y pensar. Tal vez no estaría mal reorganizar nuestra
escala de valores. Estaría muy bien que, por un momento, miráramos más allá de
lo obvio.
Sería genial
vestirnos con agua limpia y salir desnudos al mundo y conseguir formar, otra
vez, parte de él.
Qué espero?
Qué esperas?
Miro atrás y
al recordar, deseo con todas mis fuerzas que llueva una vez más, que no deje de
brillar el sol.
Ojalá
sigamos por aquí por mucho tiempo.
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